Declaración de intenciones

La primera vez que mis pies pisaron un picadero no debía tener más de 11 años. Mi madre me había dado a elegir entre hacer karate o montar a caballo y creo que no debí dudarlo ni cinco segundos. Me compraron unas botas que no podíamos permitirnos y empecé a dar clases todos los miércoles.

Recuerdo cepillar el caballo en un pasillo oscuro y dar vueltas durante una hora en un picadero redondo. Entonces no sabía si los caballos estaban bien cuidados, si el centro era adecuado, si las indicaciones del profesor eran acertadas… No sabía nada, tenía 11 años.

Aquello no duró más que un par de meses, no podíamos permitirnos las botas y en realidad tampoco las clases. Así que mi vida siguió separada del mundo del caballo salvo algún paseo ocasional hasta los 33.

Por no hacer el cuento largo sólo diré que me ví de nuevo en una hípica, de nuevo cepillando en un pasillo oscuro y dándo clases en un picadero (esta vez un poco más grande y esta vez con mi propio caballo). No sabía nada, pero ahora tenía 33 años y la responsabilidad de cuidar un animal el resto de mi vida. Ya no tenía excusa.

Poco a poco empecé a descubrir el otro mundo del caballo, el que nos saca de los pasillos oscuros a los cielos abiertos, el que parte del conocimiento del animal, de la paciencia, la experiencia y el estudio. Un mundo lleno de profesionales, centros, iniciativas y metodologías que comparten el respeto por la naturaleza del animal y el espíritu crítico. El ansia por mejorar y ofrecer una forma diferente de disfrutar del caballo, de conocerlo.

Me di cuenta entonces de la cantidad de veces que había dado un paseo en un caballo ensillado, desnutrido o sin muscular. Me di cuenta de lo terribles que fueron para mi propia yegua los meses que pasó en box cuando llegó a nuestra vida. Me di cuenta de lo peligroso que puede ser dar de comer a un caballo que no es tuyo solo para que se acerque a rascarle la nariz. Y en definitiva me di cuenta de que sin querer y por desconocimiento había sido una fuerza negativa en la vida de muchos caballos.

Hasta que desperté.

Desde Equitación Despierta queremos contribuir a cambiar la cultura del caballo, difundiendo información, iniciativas y proyectos que ayuden a profesionales y usuarios a entender al caballo y a decidir cómo articular su relación con él desde el conocimiento.

¿Nos acompañas?

Regístrate en nuestra newsletter para recibir los nuevos artículos en tu email o síguenos en facebook.

Comentarios

comentarios